Adoración Guamán es profesora de derecho de la Universidad de Valencia y activista. Acaba de publicar el libro “Empresas trasnacionales y derechos humanos. La necesidad de un instrumento vinculante”, que aborda la gestión de un tratado internacional que obligue a las empresas a asumir sus responsabilidades en toda la cadena de producción, tarea detrás de la cual se agrupan cientos de movimientos en el mundo.

-Se tiende a creer que los TLC afectan más al cono sur y no  a la Unión Europea…

-Ya no es así. Desde el 2009 la Unión Europea se ha  enfocado en seguir la estela del amigo americano y marcan una integración económica con Canadá y con Estados Unidos. Y  cuando los movimientos sociales descubren la barbaridad de estos tratados recogemos la lucha del sur. Se trata de No al TTIP, No al Ceta pero también de un No a los tratados con el Mercosur, con Argentina o México, porque las condiciones que se imponen son igual de dañinas para todos.

-¿Los tratados de Estados Unidos y de Canadá con la UE en qué fase están?

-El tratado con Estados Unidos (TTIP) se empieza a negociar en 2013 y se estanca en 2016 porque cambia la administración. Por su parte, el tratado con Canadá (Ceta), es un tratado de nueva generación que es lo mismo que intentan con la revisión del de México o el del Mercosur. Creo que es un asalto a la democracia,  porque se busca homologar las regulaciones de ambas partes, y esto no pasa por los parlamentos sino por comisiones técnicas. También tiene una parte importante de promoción de inversiones y aquí entran los tribunales de arbitraje.

El tratado con Canadá entró en vigor de manera provisional a fines del año pasado,  el problema es que no ha sido ratificado por toda la Unión Europea. Por ello, seguimos en la batalla y es una que nos ha permitido aprender del sur porque hemos creado plataformas que transversalizan a la UE, aglutinando movimientos de todo tipo. Hemos creado núcleos que siguen otras luchas, como en la que estoy hoy: por un instrumento vinculante para el control de las multinacionales.  Lo que hemos logrado es pasar del No de la barricada, de No queremos los TLC, a una lucha para terminar con la impunidad de las trasnacionales.

En realidad, son las trasnacionales quienes nos ponen el pie encima con los TLC…

-Exactamente. No estamos hablando de un capital que tenga una nación, sino de un capital trasnacional y con intereses claros. Esto es un atentado contra las clases populares del mundo y la lucha debe ser trasnacional y transversal. Por eso, cuando  en España construimos la lucha contra el TTIP lo hicimos con compañeros de Estados Unidos. Esta mirada transcontinental es fundamental para crear sinergias.

La estrategia de las trasnacionales implica capturar los intereses de los gobiernos para que legislen en su beneficio, se crea así una arquitectura jurídica que las beneficia y les permite no solo ganar dinero sino quedar impunes cuando violan los derechos humanos. Por eso es tan importante este tipo de alianzas entre  STOP Ceta, Stop TTIP, Chile y Argentina mejor sin TLC, porque el objetivo es el mismo.

-¿Contar con un instrumento jurídicamente vinculante para poner fin a la impunidad de las trasnacionales es una nueva etapa en la lucha contra los  TLC?

-Ya lo dijo Allende en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde afirmó que las empresas multinacionales son un nuevo poder desbocado que amenaza la democracia y los intereses de los pueblos. Desde los años setenta ha habido intentos en la ONU por generar un tratado internacional que obligue a estas empresas, porque los tratados internacionales obligan a los estados.

Desde el año dos mil, producto de movilizaciones sociales; de las asociaciones de víctimas, y de numerosos desastres como el de Plaza Rana (donde fallecen 1290 trabajadores), se crean movimientos contra la impunidad de las trasnacionales y también tribunales populares de los pueblos, que son movimientos desde la base para dar voz a las víctimas. Sin embargo, era complicado que algún estado llevase esta propuesta a la ONU para abrir el tema y conseguir “algo” a nivel internacional, que diga que los derechos de los seres humanos están por encima de los inversores y que estos tienen obligaciones y han de cumplirlas.

El milagro se produce en 2014 cuando Ecuador y Sudáfrica presentan una resolución para que se discuta un instrumento jurídicamente vinculante sobre empresas trasnacionales y derechos humanos. Este se empieza a negociar en 2015 y vota a favor la gran mayoría del G77, se abstienen Argentina, Brasil y México y se expresan en contra la Unión Europea, Estados Unidos y Australia. Pero se sigue negociando y es una herramienta de construcción del derecho desde abajo y arriba y está en un momento crucial.

La denuncia en Ginebra es un acicate para que se construya una nueva plataforma de movimientos sociales a favor del tratado y se sumen las organizaciones contra los TLC. Esto nos da la posibilidad de pasar de la barricada a la propuesta y dar una esperanza a la gente y a los activistas. Esta esperanza es el tratado vinculante.

Ya existen tribunales en el Reino Unido y Alemania que están juzgando crímenes contra los derechos humanos sucedidos en el sur. Estamos recogiendo  experiencias que demuestren, por ejemplo, que un tribunal alemán si quiere puede juzgar a una empresa alemana cuya cadena de suministro en su último eslabón provocó la muerte de 150 personas.

-Es decir, ¿independiente de esta negociación en la ONU, ya se comienza a asentar como una práctica?

-Francia acaba de apoyar una ley que obliga a todas las empresas de más de x trabajadores a adoptar un plan que asegure el respeto de los derechos humanos en toda la cadena de suministro. Lo mismo ocurre en Reino Unido y California. Poco a poco hay destellos que apuntan a la voluntad de algunos estados a decir que las trasnacionales que tienen sede en mi territorio no pueden hacer lo que les da la gana: ¡No puedes tener un subcontrato aunque sea el 400 en el eslabón que permita la muerte de trabajadores! No puedes, porque eso que produces se lo vendes a la gente de España o Francia.

-¿El objetivo hoy es controlar a las grandes corporaciones mediante la defensa de los derechos humanos? 

-Hay que decirles `oigan, empresas, están cometiendo crímenes contra la humanidad y no vamos a permitir que sigan violando los derechos de la gente cuando producen. Ahí juegan un rol la necesidad de las grandes marcas de mantener una imagen y las estructuras jurídicas que se están abriendo en países como Alemania y Reino Unido.

INFUSAM Nº25, JUNIO 2018

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