La Violencia que desborda los consultorios

Empujones, insultos y gritos contra el personal de salud son ya situaciones comunes que se registran a diario en consultorios y hospitales. Pero cuando se suman intentos de ahorcamiento, quema y apedreo de vehículos o difamación por redes sociales, es obvio que se ha pasado a mayores y los funcionarios y funcionarias comienzan a correr riesgo de vida producto de su ejercicio laboral.

En una sociedad donde la violencia se ha instalado cómodamente como una forma de relación  entre las personas, pareciera que nos hemos acostumbrado a ella. Sin embargo, una seguidilla de hechos ocurridos este año en los consultorios sobrepasa incluso cualquier guión de película de terror. Así, se ha convertido el ejercicio de la tarea sanitaria en una actividad de ‘alto riesgo’.

Frente a ello y como una forma de denunciarlo y que se adopten soluciones,  Confusam llamó a una paralización el 22 de agosto para hacer patente ante las autoridades de salud, la gravísima situación que afecta a funcionarios y funcionarias.

La organización declaró en esa oportunidad que si bien la violencia es un fenómeno que acompaña a los servicios de salud públicos y privados en todos los países, en el caso de Chile va creciendo en cantidad y gravedad, “vinculada a la grave crisis del sector que se prolonga por décadas, generando una permanente insatisfacción y frustración, cuyas expresiones las sufre el personal que carece en lo absoluto de responsabilidad en el problema”.

El Directorio Nacional de la Confederación hizo un llamado a las autoridades a actuar a la brevedad, ya que -en caso contrario-, se volverá a convocar a movilizaciones.

22 de julio de 2017, Rancagua. Sapu 1 de Baquedano

INTENTO DE AHORCAMIENTO

Era otra jornada más para la tens Natalie Maldonado y el equipo de salud del Sapu 1 de Baquedano. Sin embargo,  cerca de las 19 horas llega un paciente que se había inflingido heridas cortantes profundas en cuerpo y brazos. Es trasladado en estado de semi inconciencia por su madre, quien lo lleva  al consultorio por ser el lugar más cercano al domicilio.

Los tres tens del centro de salud deben priorizar su atención y una vez que sus signos vitales son estabilizados, el médico a cargo  indica sutura y aseo en las heridas así como su derivación a siquiatría del Hospital Regional.

En un momento,  Natalie sale del box a pedirle a la madre que traiga una muda seca y limpia, porque la que llevaba puesta el paciente estaba mojada y tuvieron que cortarla para atenderlo.

Mientras vuelve, empieza el horror…

Entra al box y escucha el ruido de una bandeja quirúrgica cayendo al suelo; lo ve abalanzarse sobre su colega Alejandra e intentar ahorcarla, y Carlos (el tercer tens que lo atendía) trata de sujetarlo mientras el médico corre a ayudar y es golpeado por el paciente, quien –finalmente- escapa desnudo de la sala.

Los hombres del equipo intentan ubicarlo fuera del consultorio, mientras las mujeres, en un principio, se ocultan en el baño. Al rato salen y una paciente les cuenta que su padre acaba de ser agredido por el individuo. Se reúnen todos fuera del box de atención mientras lo oyen patear una puerta tratando de entrar.

¡De pronto!, recuerda Natalie, viene hacia ella y aunque escapa hacia la clínica, no puede cerrar la puerta con llave: “Le pegó una patada a la puerta, entró y  me dijo muy tranquilo igual que un sicópata: ‘Te seleccioné para matarte. Vas a morir hoy pero primero te voy a  sacar los ojos’ Yo traté de explicarle que tenía un hijo pero igual me atacó con una tijera y me cortó una ceja. Ahí me dije, tengo que luchar y me empujo al suelo, pero conseguí tirarle lejos las tijeras; me agarró del pelo y me sacó mechones mientras me golpeaba la cabeza contra el suelo. Trató de sacarme el ojo izquierdo y ya estaba perdiendo la conciencia cuando veo que lo golpean con una silla y luego le tiran polvo químico con el extintor…”

Cuando la joven sale del box, a duras penas, observa que su agresor ha sido amarrado. Aún el equipo de salud y quienes esperaban atención deberán aguardar largos minutos (cincuenta en total desde que avisaron) para que aparezca Carabineros,  “de Requinoa porque ni siquiera llegaron de Rancagua”.

Seguir viviendo…

Natalie Maldonado no pudo ver con su ojo izquierdo durante los primeros días. Hoy ya ha recuperado el 85 por ciento de su visión y no sabe si la recobrará toda. Externamente  no se advierten huellas de los golpes, pero estas si se mantienen en su interior, ya que ha estado en un largo tratamiento por dolor.

Atendida por siquiatra y sicólogo de la ACHS, le han explicado que tras una década desempeñándose en APS y la mitad de ese tiempo en urgencia, ha creado una coraza que le ha permitido seguir adelante.  “Cada vez que repito la historia me pongo nerviosa, pero solo me quebré una vez, cuando mi pareja me lavo el pelo mientras estaba hospitalizada y vi cómo se me caían los mechones”, señala.

Con entereza cuenta que decidió seguir adelante por su hijo, de 8 años, quien sufre de autismo, razón por la cual no quiso que la viera los primeros días después de los hechos, porque no hubiese entendido el estado en que se encontraba  su madre.

El  20 de agosto volvió a sus labores  y, por esas casualidades, le tocó con los mismos colegas con quienes habían vivido la dramática situación, pero como había trabajo que realizar no hubo mucho tiempo para comentarlo.

Natalie afirma que en varias ocasiones advirtió al director de salud, José Cavieres, la necesidad de contar con seguridad y no fue escuchada porque se le dijo que no había presupuesto. Ahora,  como corolario, el municipio financiará guardias y botón de pánico en los centros de salud.

El 5 de septiembre fue la formalización del agresor y se presentaron los ocho funcionarios del consultorio a declarar, pero  quedó libre porque la defensa alegó problemas de salud mental.

Hoy Natalie está más fuerte que nunca: “no quiero que este hecho detenga mi vida tengo planes de casarme y quedar embarazada”. Y como dirigenta de la Asociación Base de Rancagua, está propiciando que los funcionari@s sean capacitados en contención de pacientes siquiátricos, porque claramente no estaban preparados ni existen protocolos al respecto.

30 de julio de 2017, San Pedro de la Paz.  Sapu Boca Sur

QUEMARON SU VEHÍCULO

Mientras Vanessa Varela desarrollaba sus tareas habituales, pasadas las 21 horas del 30 de julio, le avisan que su auto se está incendiando. La tens del sapu Boca Sur, en Concepción, acudió a ver qué ocurría y no comprendió en un primer momento  las razones del fuego. Bomberos presume que es una falla eléctrica del vehículo.

Posteriormente, al revisar las cámaras se dan cuenta de que el fuego había sido intencional. Un menor de 16 años que esperaba atención,  ingresó al vehículo y con un chispero encendió un papel que metió a la guantera y escapó. Deambulaba aburrido por el consultorio de un lado a otro, y en algún momento acudió al estacionamiento y quemó el auto. Luego volvió a esperar su turno siendo atendido cerca de las 22 horas.

Vanessa comenta que no fue una venganza porque “no lo conozco y no me correspondió controlarlo”.

La joven profesional puso una denuncia y el servicio también, pero dice que el proceso no ha avanzado porque no cuenta con abogado.  También se siente un poco desilusionada del poco apoyo brindado por la Dirección de Salud, que ni  siquiera la ha llamado para saber cómo está. “Todos mis colegas hicieron un aporte que se les descontó por planilla y estando ya a diez del mes siguiente el Servicio ni siquiera me han contactado para decirme dónde me lo depositan”.

La tens está muy afectada por lo sucedido ya que su vehículo era vital para trasladar constantemente a sus dos hijos pequeños a la Teletón. Lo que sí destaca es que producto de los hechos se instalaron portones metálicos en el sapu.

Pero esto no es lo único gravísimo sucedido en el consultorio. La misma Vanessa recuerda que un paciente molesto quebró un ventanal cuando no recibió el medicamento que exigía. Y, en meses anteriores,  otro individuo se robó el plasma de la sala de espera y escapó por la ventana; mientras que en un sapu cercano, Candelaria, un médico fue agredido y luego el mismo paciente apedreó los vehículos de los funcionari@s.

Agosto  2017,  Sapu Pozo Almonte

DIFAMACIÓN POR REDES SOCIALES

La paciente Adriana Palacios de 19 años, lleva varios días con contracciones y con poca dilatación. Ya ha acudido entre 5 a 6 veces al  consultorio de Pozo Almonte, en la I Región,  y la han devuelto a su casa. Finalmente el 4 de agosto  la envían en ambulancia al Hospital de Iquique donde se le informa que su bebé ha fallecido.

En el recinto intentan un parto vaginal, el que no funciona y le aplican fórcep, que tampoco sirve. Finalmente, se recurre a una cesárea. Ante la dolorosa situación vivida, la familia interpone una querella criminal contra quienes resulten responsables. Hasta allí lo esperado pero lo complejo viene después.

Conjuntamente con impulsarse con este hecho la bandera de una ley contra la violencia obstétrica o parto humanizado (Ley Trinidad), la familia o sus cercanos comienzan a desprestigiar por facebook al equipo de salud de Pozo Almonte. De esta manera, difunden las imágenes y nombres de los profesionales acusándolos de asesinos.

Para Confusam la muerte de la bebé debe ser investigada y sancionada si es que hubo negligencia u homicidio culposo, pero lo que no puede ocurrir es que se desarrolle un juicio público a través de redes sociales.

“Esto se debe resolver en tribunales, pero no se puede afectar el honor e integridad síquica de los funcionarios, que están muy afectados por lo sucedido y han recibido amenazas”, afirma la abogada de la Confederación, Ana Fullerton.

Infusam Nº 22 -octubre 2017

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