Chile necesita otra CUT

La historia del movimiento sindical en nuestro país es, en gran medida, la historia de la CUT y sus referentes previos, incluyendo las etapas de dictadura y de recuperación parcial de la democracia hasta el presente. Dicha historia habla de una central sindical que, en sus mejores tiempos, afilió a cerca de un millón de trabajadores agrupados en poderosos sindicatos, federaciones y confederaciones, con capacidades de movilización potente y verdadero poder negociador incluso por ramas de la producción. Historia por cierto, era que no, no exenta de páginas dolorosas escritas con la sangre de mártires que ofrendaron sus vidas por hacer de Chile un mejor país.

La historia de la CUT es la historia de los oscuros tiempos de la dictadura militar, etapa en que se negó sistemáticamente el derecho de las y los trabajadores a organizarse y pelear por sus demandas y reivindicaciones, obligando a realizar en clandestinidad la tarea de construir referentes orgánicos para aglutinar al movimiento sindical, permitiendo transitar desde la etapa dictatorial a la recuperación de la democracia con una institucionalidad mínima que posibilitó hacer de la CUT un actor desde los inicios de la transición a comienzos de los 90´. La CUT optó por pactar con los gobiernos y partidos políticos oficialistas, un pacto social que, so pretexto de garantizar gobernabilidad, resignó las aspiraciones de justicia social de millones de trabajadores desmovilizando a su base social y haciéndose parte de una estrategia política y económica. Esta profundizó el modelo neoliberal y profitó de la herencia de la dictadura, haciéndose cómplices de una política que ha ampliado a niveles insostenibles las brechas entre ricos y pobres. La estrategia de contención de las demandas de sus bases de sucesivas direcciones de la CUT, elegidas en procesos electorales viciados y para nada democráticos, en complicidad con los partidos políticos que las amparan, poco a poco ha ido concitando rechazo.

De esta manera, se ha ido dando paso a un reclamo creciente por democracia, transparencia y autonomía. Este reclamo fructificó a inicios de los 2000 en un Congreso que aprobó elecciones de directivas nacionales a voto universal, descentralización y otras medidas que sucesivas direcciones de la CUT desconocieron dando lugar a una profunda crisis.

A raíz de las fraudulentas elecciones en agosto de 2016, del posterior congreso que aprobó reformas sin apego a la propia normativa y del fallo de un tribunal electoral que anuló las elecciones fraudulentas, la situación ha llegado a niveles críticos y exige un golpe de timón que permita airear la organización dejando que los vientos de democracia, de transparencia y de autonomía limpien de prácticas viciadas a la CUT. Solo de esta manera volverá a erigirse en un actor de peso en la escena política, económica y social de cara a las transformaciones inevitables que la ciudadanía reclama hoy con fuerza creciente en pro de una país limpio de la corrupción, del abuso y del autoritarismo, de un Chile más justo, más democrático.

Esteban Maturana

INFUSAM 19, junio de 2017

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