En 2008, Paraguay el quinto país más pequeño en territorio de Sudamérica y uno de los que mayor proporción de población rural tiene (37 por ciento), inició la implementación de su estrategia de atención primaria mediante las Unidades de Salud de la Familia (USF). Hoy declara como los principales logros de la APS en este tiempo, la reducción de la mortalidad materna y neonatal, así como un menor nivel de desnutrición a nivel nacional.
Las poco más de 900 Unidades de Salud de la Familia existentes, cuya dependencia es centralizada, tienen asignadas entre tres mil y cinco mil personas cada una. A diferencia de nuestros consultorios, están integradas por un grupo pequeño de profesionales y técnicos que, en su mayoría, no disponen de equipamiento tecnológico para su tarea: “Existen unidades ampliadas que cuentan con tecnología para entregar otras atenciones, pero en la mayoría está solo el equipo de salud”, expresa Cinthia Romero, vicepresidenta del Comité Nacional APS-APE (Asociación Paraguaya de Enfermería), organización asociada a la Internacional de Servicios Públicos y que concurrió recientemente al encuentro subregional efectuado en Chile.

Cinthia Romero
Si bien, el sistema público de salud en ese país es gratuito, alrededor de un 25 por ciento de sus habitantes no tiene acceso a él, ya sea por falta de recursos o barreras geográficas. En el caso de la atención primaria, su actual Gobierno declaró el año pasado que se requería casi el doble de USF (1750), para llegar con APS a toda la población y “lograr el soñado acceso universal a la salud”.
En el nivel primario, el equipo de salud lo integran: un médico de familia, dos licenciadas en enfermería u obstetricia, un técnico o auxiliar y tres agentes comunitarios; además de un odontólogo por cada tres USF. “El rol del agente comunitario es vital en esta estructura, ya que conecta a la población con la APS”, señala la entrevistada.
Situación pospandemia

Explica Cinthia Romero que la pandemia obligó a que se les entregara a las USF equipamientos computacionales y conexión a internet, lo que ha permitido ingresar los datos de la población que atienden y tener acceso en red a estos: “ahora todo está sistematizado”, dice. Además, ayudó a fortalecer la vigilancia epidemiológica y el seguimiento de los pacientes; añade que también cobró mayor importancia la teleconsulta aunque sigue siendo limitada en las zonas rurales por la falta de conectividad.
Entre los desafíos para la atención primaria poscrisis sanitaria, enumera la necesidad de recuperar coberturas de vacunación y los controles prenatales; reforzar la confianza de los usuarios y dar respuesta a las necesidades en salud mental incorporando a sicólogos en los equipos.
La dirigenta paraguaya expresa que, si bien, en su país existen agresiones contra las y los funcionarios en las zonas urbanas por la tardanza en la atención o la falta de insumos, no ocurren tales hechos en sectores rurales y, agrega que, en general, “esas situaciones son muy escasas”.
Cinthia explica que al interior de la Asociación Paraguaya de Enfermería, que agrupa a unos cinco mil socios y socias, se creó hace un año el Comité de Atención Primaria de Salud, buscando “impulsar un modelo de salud más cercano a la comunidad, equitativo y centrado en la promoción y prevención”. En ese sentido, están fortaleciendo su organización interna, así como el trabajo con los otros gremios y representando sus demandas a las autoridades.
