Desde hace siete años que Sandra Díaz trabaja con CONFUSAM asesorando para que las y los funcionarios se pensionen en las mejores condiciones que puedan. Y uno de esos temas clave, dice, son las pensiones de invalidez autofinanciadas o DL 3.500.
Explica la asesora previsional que en la organización existían, al menos, dos mitos sobre estas pensiones: uno, que se perdía el bono de incentivo al retiro y, dos, que sería bajísima. Esos mitos, agrega: “todavía persisten, pero mediante capacitaciones hemos ido corriendo ese manto de desconocimiento”.
Entonces, ¿qué son las pensiones de invalidez?
Explica que él o la afiliada a una AFP (que no haya cumplido 65 años) con una pérdida de capacidad de trabajo igual o superior a un 50 por ciento e inferior a dos tercios, puede obtener una Invalidez Parcial Transitoria, o una Total si es igual o mayor a esos dos tercios. La primera se paga por tres años y es reevaluada; pudiendo la Comisión Médica rechazarla, mantener o declarar que se agravó y subirla. La Total es definitiva desde el principio.
Si se califica como Parcial, se recibe el 50 por ciento del promedio de las rentas imponibles de los últimos diez años cotizados y, si es Total, el 70 por ciento. Con esta última consideración definitiva, se tiene derecho a optar por todas las modalidades de pensión.
Plantea Sandra que, si se elige una Renta Vitalicia, “se puede construir una salida económica que, en muchos casos, es más eficiente que el Retiro Programado, que se recalcula anualmente contra saldo”.
Remarca, asimismo, que, si bien es cierto en Renta Vitalicia no hay herencia, sí se pueden “agregar como beneficiarios al grupo familiar cercano e inclusive a personas no familiares, porque es un seguro y puedo poner a quien quiera”.
¿Cómo opera? Señala la profesional que para financiar una pensión de un millón se necesita tener en la cuenta doscientos millones. En casos de invalidez, las aseguradoras deben enterar el aporte adicional. Al respecto, cuenta un caso doloroso, pero que ejemplifica muy bien la situación.
Hace unos años, un odontólogo del cesfam de Curanilahue fue diagnosticado con cáncer terminal. “Era muy querido, ya que trabajó por años en la construcción para pagar su carrera. Él y su esposa eran muy jóvenes, tenían tres hijos pequeños y sólo 15 millones de pesos en su cuenta de AFP”, explica la asesora.
Sin embargo, su promedio de renta era bueno, así que se logró que el seguro pusiera 400 millones de pesos, “porque era pensión de invalidez total, con buena renta y cuatro beneficiarios. Se dejó a la cónyuge e hijos asegurados por 25 años”, recuerda emocionada.
Respecto al incentivo al retiro, señala que para no perderlo se debe obtener la invalidez entre los 57 y 59 las mujeres y entre los 62 y 64 los hombres.
