En Tirúa viven poco más de diez mil habitantes, siendo una de las tres comunas con mayor pobreza multidimensional de la Región del Biobío. Dos tercios de su población habita en zonas rurales aisladas y con malos caminos de acceso. Se suma que las condiciones de infraestructura y equipamiento de las cinco postas que deben atender las necesidades de salud en esos sectores, son deplorables y no pueden cumplir bien su tarea, pese a los esfuerzos del personal del nivel primario.

Algunas de estas postas llevan más de cuarenta años operando, varias sin renovaciones importantes, plantea María Isabel Rivas, presidenta de Afusam Tirúa. Al déficit de infraestructura, se agregan las carencias de personal y de equipamiento, así como una conectividad insuficiente, limitando “gravemente la capacidad de respuesta, tanto en cobertura como en calidad de atención”, añade.

Si bien, en la zona urbana se dispone de un cesfam, un sar y un cescof (este último con muchas falencias), la dirigenta expresa que uno de sus principales desafíos es el acceso a las zonas rurales. Las comunidades más lejanas se encuentran a 30 kilómetros, muy dispersas en un territorio extenso y con caminos en mal estado, especialmente en temporadas lluviosas. Esta condición dificulta la llegada de usuarios a los centros de salud y el traslado del personal a las postas.

Hacinamiento y mala conectividad

El modelo de salud familiar, sin duda, ha permitido ampliar la canasta de las prestaciones. Sin embargo, no se acompañó de un crecimiento físico de los centros. remarca la entrevistada que “los boxes han quedado pequeños, son insuficientes y deben ser compartidos”.

Ni qué hablar del equipamiento computacional, María Isabel cuenta que se trata de equipos antiguos, los que por esa condición y por los problemas de conectividad, “generan retrasos en el registro y debilitan la coordinación con el cesfam”. Por esta razón, no han podido integrar soluciones efectivas de telesalud a estos centros.

Estas evidentes limitaciones no permiten cumplir con todas las prestaciones exigidas. Frente a lo anterior, la dirigenta plantea que es urgente, para avanzar hacia un modelo de atención integral y equitativo en salud familiar: invertir en conectividad, reponer y ampliar la infraestructura envejecida, modernizar equipamiento clínico y computacional y aumentar el recurso humano permanente.

Plantea que esas mejoras “no solo dignificarán el trabajo de los equipos locales, sino que aseguran una atención más oportuna, integral y culturalmente pertinente para las comunidades”.