-¿El fuerte ajuste de cinturón ocurre porque el Gobierno quiere reducir rápidamente el déficit fiscal?

-Los parámetros a los que nos obligamos para salvaguardar el modelo, imponen políticas de ajuste que terminan afectando más a la población. Y digo esto porque nuestros niveles de déficit fiscal y los de deuda respecto del PIB, ni los países más desarrollados los aplican.

La severidad del ajuste obliga a sacrificar a la población, cuando no existe una necesidad imperiosa de hacerlo a esa velocidad. Lo central es que cuando hay déficit fiscal uno puede ajustarse apretando el cinturón para bajar el gasto o elevando el ingreso, es decir, subiendo impuestos. Pero, con la correlación actual de fuerzas y con un Gobierno que ha renunciado a su Programa, no se ha propuesto empujar una lucha por subir los impuestos.

-¿Cuáles son el timming y los parámetros del ajuste?  

-Se plantea una convergencia fiscal, es decir, que el equilibrio entre ingreso y gasto al 2029 sea cero; eso significa seguir disminuyendo, ya que este año se llegará a 2.2. En Francia el gobierno intentó hace algunos meses recortar el gasto y los sindicatos convocaron a huelgas y no pudo. En Chile, en cambio, se ha naturalizado que el ajuste es por el lado del gasto y no subiendo ingresos. El jefe del equipo económico del candidato José Antonio Kast planteó que reducirían US$ 21 mil millones de gasto fiscal; Evelyn Matthei habla de recortar US$ 8 mil millones y Jeannette Jara quiere fusionar ministerios y servicios, pero no subir impuestos.

Los países europeos manejan déficit de 2 a 3 puntos y este aumentará con el gasto en guerra que les está imponiendo Estados Unidos, mientras nosotros queremos llegar a cero. El nivel de deuda de países como España, Portugal o Polonia debe ser 60-70 por ciento en términos del PIB, y nosotros hemos definido anclarnos máximo en 45. O sea, estamos siendo más papistas que el papa y esa política daña la salud, la educación, los salarios de los trabajadores públicos y provoca que se eliminen programas sociales, entre otros.

-Cuál es el rol de la Comisión Asesora para Reformas Estructurales al Gasto Público que hizo estas propuestas de reducción?

-Su rol es sacar las castañas con la mano del gato. Se pusieron de acuerdo el Ejecutivo y el Legislativo el año pasado para convocar a una comisión de expertos y, así, que no le echen la culpa ni al Gobierno ni a la oposición porque son los expertos quienes definen las medidas, entre ellas que hay que congelar los salarios a los trabajadores públicos, aumentar la productividad en los hospitales y reducir las dotaciones en educación, entre otras.

Si bien esas propuestas no son vinculantes, la caja de resonancia es el Parlamento. Hoy nuestra democracia esta capturada por organismos no sujetos al escrutinio democrático, los que terminan orientando decisiones para cuidar el modelo.

-¿Se habían congelado antes los salarios de los funcionarios públicos?

-Al presupuesto de la nación normalmente se le define un inflactor para comparar el salto de uno a otro año, ya que deben llevarse ambos a una moneda constante aplicando la inflación futura. Esta se ha estimado en un 3.1 para  2026, y a todas las partidas se le aplica para que lo que venga después sea incremento real. Así, el presupuesto del país va a crecer 1.7 real sobre la inflación. Sin embargo, el Gobierno para aparecer gastando menos y acercándose al cumplimiento de sus metas, no inflactó las remuneraciones de los trabajadores públicos. Eso tendrá como resultado una negociación más difícil en el sector público.

-A ello se suma que por segundo año se congela el per cápita basal…

-Es un error garrafal, incluso en su propia lógica economicista, solo mirar el  tema por la reducción del gasto, porque la posibilidad de ahorrar plata en salud significa aumentar la inversión en salud primaria. La salud preventiva es la que permite ahorrar en salud curativa y si esta la elevas en un 5,6 y la primaria solo la aumentas en 1,5, lo estás haciendo al revés.

 

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