Mientras Iquique lucha contra una segunda ola mucho más aguda que la primera, con casi el doble de casos activos que durante los peak de 2020 y con altos niveles de sus camas UCI ocupadas, también debe afrontar una migración muy vulnerable que no cumple normas sanitarias ni restricciones  y que se está tornando reactiva con el avance de la crisis.

Si la pandemia ha afectado la economía y la salud mental de las y los chilenos, claramente esta situación se ve incrementada entre los migrantes, muchos de los cuales  viven en condiciones más extremas. Una de las zonas del país en que ello se advierte con claridad es en la Región de Tarapacá donde existe una triple frontera compartida con Perú y Bolivia. Por esta han ingresado cientos de venezolanos indocumentados durante el último año, creando verdaderas emergencias en el poblado de Colchane pero también en otras localidades cercanas.

En la plaza Brasil, muy cerca del centro iquiqueño, sobreviven precariamente en carpas unos 250  inmigrantes. Ximena Vargas, presidenta de Corpamar, señala con preocupación que cada vez actúan con mayor agresividad: “No usan mascarillas  y son reticentes a asistir a controles que se entregan en las residencias sanitarias”, agrega la dirigenta.

Ximena Vargas

Cuenta que la migración ha venido incrementándose sin control durante la pandemia en la zona. Si bien, ya estaban acostumbrados a la llegada de peruanos y bolivianos,  los venezolanos  se han sumado en gran cantidad provocando situaciones muy complejas en las localidades de Colchane y Huara, pero también en Iquique.

De acuerdo a las cifras de atención primaria, son mil los migrantes que deambulan y pernoctan en la playa, en la plaza y en residencias de Iquique. Lamentablemente, la ola de agresiones que afecta a la atención primaria, también ha provenido de la inmigración: van dos hechos de extrema gravedad en centros de salud que les preocupan. Ximena relata que en el  cesfam Videla y en el sar Sur el personal ha sido amenazado  con pistolas por extranjeros, molestos por la espera o exigiendo vacunarse, lo que -obviamente- se suma a las múltiples agresiones que está viviendo la primera línea sanitaria por una población más angustiada y estresada.

Campaña contra agresiones

A lo anterior, se añade que la migración indocumentada,  procura mantener oculto su lugar de residencia y da direcciones falsas, impidiendo hacer seguimiento sanitario. Cuando se sienten enfermos -indica la dirigenta- no concurren a los centros de salud sino que adquieren test rápidos para Covid y si  salen positivos no lo informan.  Solo si se agravan concurren a atenderse, pero -mientras tanto- no han guardado cuarentena para evitar diseminar el virus.  Esto que obviamente lo hacen por temor, dada su condición de ilegalidad, ayuda a elevar el número de contagios locales.