“Sería ideal que este proyecto se pudiese replicar en todo el país, porque como familia nos cambió la vida y me ha permitido laborar tranquila”, dice con alegría Belén Azócar, trabajadora social y socia de Aprodap. Su hija Emilia, acude desde el año pasado al Club Escolar que funciona al alero del Bienestar del Departamento de Salud de la Municipalidad de Curicó, dando reales opciones a las y los trabajadores de atención primaria para conciliar la vida laboral y familiar, al permitir  que sus hijos e hijas entre 4 y 12 años permanezcan en un espacio seguro y pedagógico.

En septiembre del año pasado, cuenta Elizabeth Trigari, presidenta de Aprodap y vicepresidenta de Confusam del Maule, echaron a andar desde el Bienestar esta estrategia que es la primera en el nivel primario de salud, “para ayudar en la conciliación trabajo y familia, porque como somos un área laboral feminizada, se nos complica el cuidado infantil, pero -sobre todo- pensando en las vacaciones de verano, donde muchos quedamos sin redes de apoyo”, expresa.

Elizabeth Trigari

Dice que  conocieron una experiencia similar en el Serviu de Talca y se plantearon ponerla en práctica mediante el Servicio de Bienestar. Arrendaron y equiparon una casa céntrica y el municipio  contrató educadora de párvulos, educadora diferencial y una técnico en educación parvularia, así como horas de fonoaudióloga, sicopedagoga y auxiliar de servicio. Con ese equipo dieron el vamos a la iniciativa de 7:30 a 20:30 horas, con 30 cupos.

Elizabeth comenta que se ha mantenido funcionando todo el año. Los padres pagan una mensualidad de 30 mil si son categoría C y de 60 mil si son A o B.

La evaluación es tan exitosa que habiendo pasado solo un año ya tienen planes para crecer. Dice la dirigenta que están conversando con el servicio de salud para que les ceda el sector del jardín infantil del ex hospital de Curicó. De esa forma no pagarían arriendo, pudiendo becar y ampliar la oferta actual. Asimismo, les permitiría buscar una nueva fórmula jurídica para los contratos de quienes les prestan servicios.

“Pensé en renunciar”

Belén Azócar, valora mucho esta instancia. Expresa que antes de que esta idea echara a andar, gastaba más de 300 mil pesos en pagarle a una cuidadora y en los traslados a un sector rural de la comuna, “a veces iba a buscar a mi hija y ya estaba durmiendo. Ahora, podemos estar más tiempo con ella y este sistema nos ha traído tranquilidad, porque sabemos que está en un lugar seguro, comparte con niños de su edad y tiene el apoyo de un equipo multidisciplinario de profesionales ”, afirma.

Belén y Emilia

Cuenta que hasta pensó en dejar de trabajar “porque era muy complicado compatibilizar horarios”. La buena noticia es que desde que funciona el Club, incluso su hija  Emilia -que tenía dificultades  para pronunciar la R- recibió apoyo y ahora no tiene problemas. Por ello, Belén destaca muy feliz el “beneficio enorme de esta iniciativa para nuestra familia”.

El club cuenta con su propio instagram (https://www.instagram.com/clubinfantil_bienestar/)