En el contexto histórico que se encuentra Chile hoy, en esta encrucijada compleja, sabemos que es necesario considerar y reflexionar sobre la opinión de todos y todas quienes posean un nivel de incidencia en los temas fundamentales del país, aún cuando estos temas se han monetizado.
Sin embargo, la democracia no es un bien comerciable, tal vez los partidos, los candidatos o las autoridades, pero la democracia no, pues ella es la virtud central de una República. Y en eso debemos detenernos.
La Salud debe ser un derecho, debe ser asegurada por el Estado, gratuita. Debe ser amplia e igualitaria, de calidad, descentralizada y comunitaria.
Estos valores no comulgan con la idea de que la salud es un bien de consumo y claramente no es una cosa que podamos vender a aseguradoras, transformando a los ciudadanos con derechos en clientes con planes pagados.
Plantearse la idea de transformar a la salud en un objeto, implica renunciar a la lucha de nuestro pueblo, de los más pobres, simplemente, por sucumbir al negociado, a la transacción de enfermos y desesperados para enriquecer a transnacionales, clínicas y sociedades que desde hace años están vendiendo lo que el Estado niega a propósito en la red de salud, con la idea de así especular y comerciar con la vida.
Parece imposible e impresentable que pongamos esperanza en planes de candidatos que vienen a destruir lo poco que queda, a privatizar, a vender la pomada de los seguros públicos, sabiendo que es una farsa, una mentira populista que sólo viene a desviar más dineros al sector privado, favoreciendo los negocios de unos pocos.
Nuestro país se está acostumbrando al escándalo de la corrupción, a que los defensores de la tortura, los asesinatos y las mutilaciones aparezcan públicamente hablando de los valores más fundamentales, pero, flanqueados por quienes han sido llamados a defender la verdad, y descubrir que la mentira es impresentable y un descaro imposible de omitir.
Nosotros estamos esperanzados, no en los planes de vendedores de humo y vende patria. Nuestra esperanza, es que Chile al fin sea un país moderno y justo, que sea de todos, y no de los que se regodean en sus privilegios para torcer la verdad y comunicar caprichosamente sus ambiciones como si fueran legítimos anhelos de equidad.
DIRECTORIO NACIONAL CONFUSAM