Salud e inmigrantes: “Todas las voces, todas…..”

La primera gran oleada de inmigrantes de nuestro continente llega a fines de los años noventa al país, venía desde nuestro vecino Perú. La segunda, se inicia en 2014 siendo más masiva y de origen diverso, como Venezuela, Haití y Colombia. Hoy, ya nos hemos acostumbrados a otros tonos de voz y de piel que se combinan con los tradicionales de chilenos y chilenas en calles, transporte y en el trabajo. Pero su real inclusión sigue pendiente.

Casi un 70 por ciento de nuestros connacionales se manifestaba en 2017 dispuesto a restringir el ingreso de inmigrantes al país, según una encuesta del Instituto Nacional de Derechos Humanos. Estudios de opinión posteriores siguen expresando ese deseo mayoritario de que se apliquen políticas más restrictivas con la inmigración.

En la práctica, en los últimos cuatro años, se han incorporado casi setecientas mil personas, a nuestro territorio presionando el mercado laboral, pero también demandando servicios estatales como la educación y la salud públicas.

Y es precisamente en liceos y centros de salud,  donde mejor se ha acogido a los nuevos habitantes. Se entiende que mediante políticas sanitarias y educativas deben integrarlos y hacerlos sujetos de los mismos derechos que tiene el resto de la población.

Ya en 2003 el Ministerio de Salud comienza a adoptar medidas para la atención de embarazadas y menores de 18 años provenientes del extranjero. En 2016 se publica el Decreto 67 que incorpora una nueva causa para ser clasificado como indigente y, por tanto, acceder al tramo A de Fonasa: “Tratarse de una persona inmigrante que carece de documentos o permisos de residencia”. Para ello, se les entrega un rut provisorio que le permite incorporarse al sistema público de salud.

Estas normas dieron la oportunidad de acceder a los centros de salud a una población muy vulnerable. Pero también implicó tensionar a un sistema ya recargado, con pacientes de otras culturas y costumbres.

Al 31 de diciembre de 2018, en nuestro país había un millón 251 mil inmigrantes. Encabezan la lista 288 mil venezolanos; 223 mil peruanos y 179 mil haitianos.

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Muy resilientes

Teniendo el cuarto lugar actualmente en la Región Metropolitana en porcentaje de inmigrantes, la comuna de Recoleta registraba hasta hace pocos años una mayoría de población peruana a la que se sumaban las colonias ya tradicionales de coreanos y chinos.

La tendencia demográfica hasta ese momento era al envejecimiento y reducción del número de embarazos. Pero con la llegada de nuevos migrantes la situación comenzó a revertirse, dice Pedro Iturrieta, presidente de la asociación base Afusar.

Pedro-Iturrieta-Pedro Iturrieta

Asimismo, la tarea de brindar salud se complejizó más aún con el arribo de haitianos por la barrera del idioma. La solución, finalmente, al igual que en otros centros, fue incorporar facilitadores. Claro está que como culturalmente en ese país existe un fuerte machismo, son los varones quienes suelen ejercer como intérpretes de sus parejas. “Muchas veces las pacientes vienen acompañadas de sus maridos y no es tan fácil saber cómo están ellas por el hermetismo entre los roles que juegan la mujer y el hombre”, indica.

Así como ocurrió con los peruanos al principio, también ha costado que las embarazadas haitianas se fidelicen con los programas. Su adaptación demanda más tiempo y visitas domiciliarias para saber por qué dejaron de asistir.  Comenta que debido a su precariedad y rotación habitacional, no los encuentran cuando concurren a sus hogares y se complica dar continuidad a la atención. Además, tampoco disponen de una red familiar que permita ubicarlos.

La misma situación afecta los programas de pesquisa, por ejemplo el de TBC, que ha venido en alza, dificultando un seguimiento y tratamiento efectivo. Opina el dirigente que se deben buscar nuevas formas de abordar ese desafío, con una red más interconectada entre sistemas de educación y sociales para no perder la pista de los pacientes.

Pedro destaca que -en general-  los migrantes con los que interactúa: “son bastante resilientes. Llegan a un país extranjero a arraigarse y van generando pequeños núcleos de adaptación, creando comunidades y redes de apoyo”.

En ese sentido, resalta que son insistentes y que eso puede ser visto como demandante por los funcionarios de los centros de salud: “Ellos buscan una respuesta, no desisten fácilmente. Vuelven a preguntar una y otra vez porque eso les permite avanzar e insertarse en nuestra sociedad”. Observa también que tienen una actitud más clara sobre sus derechos y los defienden.

Reconoce, por último, que en su comuna más allá de la pesquisa de enfermedades, la atención no se ha visto conflictuada a nivel primario, y que la situación se afrontó con facilitadores y programas complementarios. Incluso cuenta que en el cesfam Petrinovic han venido bajando desde 2012 la cifra de inscritos desde 30 mil a cerca de 24 mil.

No ha ocurrido lo mismo en  el ámbito hospitalario, ya que el incremento en la cantidad de nacimientos de hijos e hijas de inmigrantes casi ha colapsado al hospital San José.  Mientras en 2017 se atendieron 7 mil setecientos partos, el año pasado llegaron casi a 9 mil.

En Independencia

Independencia es la segunda comuna con mayor población migrante en el país después de Santiago.  Y, a diferencia de su vecina Recoleta, la presión asistencial sí los ha afectado.

“Nuestra población extranjera era predominantemente peruana hasta 2017, cuando partió el boom de los haitianos que se prolongó hasta el inicio del otorgamiento de la visa humanitaria. Después de ella se ha reducido el ingreso de pacientes de esa nacionalidad al consultorio, pero han aumentado mucho los venezolanos”, comenta Paulina Arestey, asistente social del cesfam Cruz Melo, de Independencia y encargada del Convenio Migrante, que mantiene la municipalidad con el servicio de salud.

Paula-Arestey-Paulina Arestey

Añade que en 2016 -cuando se amplía la cobertura- aumenta notoriamente la cantidad de inscritos en el consultorio, ya que hasta ese momento se atendía a embarazadas y menores extranjeros, “colapsando más un sistema que históricamente ha estado colapsado”, expresa.

En la comuna solo existen dos cesfam y Cruz Melo tiene una población que bordea las sesenta mil personas. Si bien, se han contratado nuevos profesionales para esta demanda, no pueden incorporar más por falta de espacio

Solo en enero de este año, mediante rut provisorio se incorporaron al consultorio 470 venezolanos y, en febrero, otros 440. La nacionalidad que le sigue es la colombiana con un décimo de esa cifra.

En el caso del ingreso de embarazadas, durante los dos primeros meses, tuvieron 93 venezolanas, y 13 haitianas, lo que demuestra como decrece el ingreso de la población de esta nacionalidad. Como contraparte, las chilenas llegaron a 22.

Una de las líneas del trabajo hacia los migrantes que se promueve desde el consultorio, son los talleres con la comunidad para que conozcan sus derechos y puedan acceder a la atención de salud. Precisa Paulina que sigue existiendo en la población extranjera mucho desconocimiento, y que eso lo constatan cada vez que hacen actividades en terreno.

También han capacitado a los funcionarios en atención a este nuevo usuario y en un primer nivel de idioma creolé.

Asimismo con el ánimo de mejorar la comunicación, contrataron a través del Programa Migrante a tres facilitadores para la comuna. Dos en el Cruz Melo y un tercero en el cesfam Juan Antonio Ríos. “Hoy sin facilitadores no podríamos trabajar”, afirma la profesional.

Revista INFUSAM Nº 30, abril 2019