Violencia en los consultorios: TRABAJANDO CON TEMOR

“Pese a que reforzaron las cámaras y aumentó el número de guardias, eso se hizo al interior del consultorio. Pero al salir del recinto nos sentimos inseguros, hay temor entre los funcionari@s porque el agresor amenazó con volver”, afirma el enfermero Francisco Díaz, uno de los trabajadores atacados durante el hecho de violencia ocurrido hace algunas semanas en el consultorio de Renca.

Equipos de salud en Lota y Ren­ca vivieron durante octubre situa­ciones difíciles de olvidar. En ambos recintos, personal del consultorio fue amenazado de muerte y herido por usuarios muy agresivos, que portaban cuchillos y, al parecer, con problemas de consumo de drogas.

Confusam es parte de una mesa de trabajo con el colegio médico, el Minsal, la Subsecretaría de Preven­ción del Delito y la Asociación Chi­lena de Municipalidades, donde se analizan estrategias para abordar el creciente problema de la violencia en los centros de salud. Ya se creó un protocolo para denunciar, el cual está en proceso de implementación. Pero, lo que solicita la Confedera­ción con mayor urgencia, es que se penalice a quienes agredan a funcio­narios públicos, y eso está tardando más de lo esperado.

En Lota bajo

El 1° de octubre un individuo con antecedentes delictuales, ron­daba los boxes del consultorio Dr. Sergio Lagos de esa comuna, abría las puertas e ingresaba para pedir dinero a los profesionales mientras estos realizaban sus atenciones. “Agredió y amenazó a la sicóloga en esa oportunidad, y también a una auxiliar”, cuenta el odontólogo Jor­ge Valenzuela, encargado de la bri­gada de emergencias y desastres en el cesfam.

jorge valenzuela

Odontólogo Jorge Valenzuela

Por eso, al día siguiente estaban alertas, ya que había dicho que vol­vería. Efectivamente retornó al me­diodía: “junto a otros brigadistas lo encontramos en el box de la sicólo­ga y le pedimos que saliera”, añade.

En ese momento todo se preci­pitó. “Me agredió físicamente, me golpeó en el abdomen y lo repelí; lo derribamos con otros funcionarios y llamamos a la PDI”, explica Jor­ge, quien practica artes marciales por lo que no tuvo problemas para reducir al atacante, quien estaba ar­mado con un cuchillo.

Lota

El profesional explica que “es triste y lamentable llegar al punto de tener que recurrir a una detención ciudadana en el lugar de trabajo”.

En el consultorio no hay guardias, aunque los han pedido al municipio desde hace bastante tiempo, pero este argumenta que sus recursos son limitados y tiene otras prioridades. Ello a pesar de que ya el año pasado hubo agresiones en otros recin­tos de la comuna.

Durante los días poste­riores, los funcionarios tomaron sus propias medidas de seguridad como hacer turnos en las puertas. Sin em­bargo, este accionar entorpeció sus labores diarias afectando la aten­ción de los usuarios, así que hubo que abandonarlo.

Hoy cuando ya retorna la tran­quilidad poco a poco, Jorge comen­ta: “sabemos que Confusam está dando la pelea para que se tomen medidas desde el ministerio y traba­jemos en condiciones más seguras. No sentimos respaldados por nues­tra organización”, agrega.

Y en Renca…

En el consultorio de Renca era otro día normal con mucha afluen­cia de pacientes. El enfermero Fran­cisco Díaz, se encontraba atendien­do el 9 de octubre en su box, cuando cerca de las 11:00 oyó gritos desco­munales: “Ingresaron dos indivi­duos alterados al cesfam exigiendo uno de ellos sutura inmediata en una de sus manos. Por los gritos no podía atender a mi paciente así que fui a ver cómo podía ayudar. El herido al verme creyó que era médico y me exigió que lo suturara”.

El profesional le dijo que debía tomar su turno para ser diagnosti­cado “y se puso más agresivo; me golpeó y se abalanzaron sobre él algunos pa­cientes y compañeros para detenerlo. Cayó al suelo y comenzó a patear todo, luego corrió hacia el hall de la sala de espera”.

En ese lugar quiebra los vidrios de las ventanillas del Some y luego arranca hacia el exterior del recinto. Allí coge un escobillón y empieza a golpear los autos. De paso gol­pea reiteradamente en la cabeza al director del establecimiento, quien intentaba comunicarse con carabi­neros mediante su celular.

Vuelve a ingresar al cesfam y en­cuentra a Francisco en su box, este lo toma para contenerlo, cayendo ambos sobre una ven­tana que se quiebra. Mientras tanto, el acompañante comienza a golpear al enfermero por la espalda y sus colegas corren a ayudar.

Finalmente, la llegada de carabineros logra calmar la situación. Como resultado siete personas resultan heri­das por cortes y golpes; varios vidrios quedan hechos añicos en medio de una jornada de terror que no se bo­rra hasta ahora.

Pero eso no sería todo. En la tarde de ese mismo día otro usuario se molesta porque no aparece inscrito en el consultorio. “Estaba ofuscado y amenazando, una de las tens que lo sujetó terminó con un esguince en la mu­ñeca”, relata el presidente de la asociación base, Alexis Hubert.

Miedo e inseguridad

Francisco comenta que el agresor amenazó con vol­ver y como quedó libre, solo con medidas precauto­rias: “nos sentimos desprotegidos”. Por su parte, Alexis, señala que, a raíz de este episodio, el equipo de salud: “tomó conciencia de que está constantemente expuesto y de la gran inseguridad en la que trabaja”.

Reflexiona el dirigente que estos hechos ocurren porque “existe una violencia estructural que afecta a todo el tejido social. Estamos inmersos en un contexto con personas que viven en situación de pobreza, vícti­mas de un sistema que los excluye, y donde la violencia es una forma válida para resolver los conflictos”, indica.

En ese sentido, afirma que la respuesta institucional que se dio por lo sucedido en su consultorio, es la ma­yor que se puede entregar, ya que el ministro de salud, la presidenta de Confusam y el alcalde de Renca pre­sentaron una querella en el Segundo Juzgado de Garan­tía de Santiago. Precisa que no hay otra gestión posible más allá de esta, “salvo la creación -en el mediano pla­zo- de una política pública que aborde esta violencia. La pregunta es, mientras tanto, ¿Qué hacemos? porque esto se va a repetir”, plantea.

Por eso mismo, indica que es la oportunidad para trabajar en estrategias comunicacionales que los ayu­den a prevenir estos hechos. Tienen la idea de reunirse en asamblea para ver cómo mejoran la comunicación e implementar un protocolo de acción. Pero aún no hay nada concreto.

INFUSAM Nº 28, NOVIEMBRE 2018

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