Mesa del Sector Público: A recomponer las Confianzas

La última negociación de la Mesa del Sector Público (MSP), coronada  con un evidente  fracaso, obliga a que sus integrantes se den a la urgente tarea de superar las divisiones y desconfianzas,  en pro del desafío  que implicará alcanzar un acuerdo en 2018 con el Gobierno de Piñera.

La dirigencia de Confusam lo venía alertando desde fines de 2016, que si la MSP no se ponía las pilas para lograr un buen acuerdo económico en 2017, el resultado sería similar al  del año anterior y no recuperarían lo perdido.  Poco a poco y con gran esfuerzo se comenzaron a juntar los integrantes salvo la CUT -enfrascada en unas elecciones que nuevamente pueden ser impugnadas- que se sumó recién en mayo a las reuniones.

Negociaciones sectoriales

Lamentablemente, dice  Esteban Maturana, el tardío involucramiento de la CUT implicó que no se realizarán los esfuerzos necesarios para iniciar los encuentros  con el Gobierno.  A ello, se sumó que tanto la Anef como la Asemuch llevaron adelante sus propias negociaciones por temas sectoriales. “Nunca antes había ocurrido que se afectará el resultado de una negociación que nos involucraba a todos, al privilegiar estas organizaciones los diálogos paralelos que desarrollaban”, indica el dirigente.

Pero así fue y el tema de su incentivo al retiro tuvo prioridad para Asemuch así como  normar los despidos a contrata fue prioritario para la Anef, siendo que ya existía un dictamen de Contraloría al respecto.  Sobre este último, clarifica Maturana que solo  implica que se avise con 30 días antes de la fecha en que vence el contrato y se indiquen las razones por las que no será renovado.  Es decir, nada que asegure que los trabajadores a contrata se mantengan en funciones.

“Todos sabemos que el Gobierno incumple su propia legalidad al tener a contrata entre un 50 a 60 por ciento de su personal, siendo que no deberían pasar del 20 por ciento”, precisa el dirigente. Para ello, insiste se debió buscar, tal  como lo hizo Confusam, una ley de alivio.

Lo concreto es que ambas organizaciones se dedicaron a llegar a acuerdos sectoriales en el marco de una negociación general, debilitando el acuerdo final porque “prefirieron plegarse a las decisiones que el Gobierno impuso”, indica.

No olvidemos tampoco que ya antes de sentarse a negociar, la CUT había propiciado expulsar  a Fenpruss de la MSP, porque había decidido retirarse de la Central.

Desconfianzas y divisiones

Las divisiones internas de la Mesa hicieron más fácil para el equipo económico del Gobierno imponer sus propuestas. “Privilegiaron  su absurda lógica economicista y no la búsqueda del apoyo del mundo del trabajo. La MSP representaba  un millón de votos y eso se lo dijimos al ministro Eyzaguirre”, añade Maturana. A su juicio, esa fue una de las importantes razones de que perdieran las elecciones; unida -por supuesto- a la ambigüedad de un candidato que no representó las demandas ciudadanas (No más AFP) y de un Gobierno cuyas reformas quedaron a medio camino, como la Laboral, la Tributaria y el fin al Crédito con Aval del Estado.

Como si fuese poco, añade que varios dirigentes priorizaron  sus militancias políticas  en detrimento de los resultados de la negociación, buscando detener las movilizaciones para que no se le hiciera ruido al Gobierno de Bachelet. En resumen, dice Esteban: “se provocó un quiebre al interior de la Mesa y se dañaron las lealtades; quedamos divididos”.

Frente a ello y al panorama que se avecina bajo un Gobierno de derecha, con un marcado sello empresarial, expresa el máximo dirigente de Confusam que es necesario   reconstituir las confianzas: “Esta es  la única negociación por ramal que se realiza en el país,  y es nuestra prioridad generar las condiciones para cerrar las heridas y recuperar la capacidad negociadora de la Mesa”.

Infusam Nº 24, marzo 2018

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