Gobierno de Bachelet: Su último presupuesto en Salud…

 

Entre 2014 y 2018  ha habido un sostenido aumento del gasto fiscal en salud, lo que se tradujo en un importante crecimiento desde el 3.7 del PIB al 4.7 para el sector.  Sin embargo, no se debe olvidar que se continúa por debajo de  la recomendación de la OMS que habla de un 6 por ciento  y de la media de la OCDE, que llega al 6.5.

Para 2018 el Gobierno destaca que los recursos en salud se elevarán en un 6.9 por ciento. Pero la cifra no es tan real según el presidente de la Fundación Creando Salud, Matías Goyenechea. Esto porque siempre se inyectan recursos  durante el año al sector, y con lo agregado hasta agosto,  en la práctica el presupuesto crecerá solo en un 3.8. En total, al sector salud le corresponderán el próximo año $8.008.661 millones.

El aumento se financia en un 60 por ciento con gasto fiscal  siendo su segunda fuente  las cotizaciones en salud. De hecho, casi un 30 por ciento del  presupuesto total corresponde a las cotizaciones de los afiliados a Fonasa.

El crecimiento desde el 3.7 al 4.7 del PIB “es positivo y hay que valorarlo”, destaca el dirigente, añadiendo que “otra cosa es cómo se gastan esos recursos”.

Indica, por ejemplo, que se quedó al debe en cuanto a controlar el gasto privado. “El Gobierno de Bachelet dijo que fortalecería el sector público y lo hizo invirtiendo más, pero no detuvo el aumento de compras al sector privado. Esto tiene que ver conque el sector público no ha sido capaz de cerrar brechas y aunque han construido hospitales, falta personal para atenderlos”, añade el experto.

A lo anterior, se suman los costos en aumento por la construcción de  los hospitales concesionados.

Concesiones hospitalarias

Durante el primer gobierno de Bachelet algunos sectores dieron una gran batalla para iniciar un plan de concesiones hospitalarias. Fue así como se licitaron bajo esa modalidad los centros de La Florida y Maipú.

Bajo su segundo Gobierno, incluso se detuvieron algunos de los proyectos iniciados bajo el mandato de Piñera. Fue así como a los dos primeros solo se sumaron el recién inaugurado Hospital de Antofagasta y los de El Salvador y Félix Bulnes, cuya construcción aún no concluye.

Matías comenta que este gran saco de las concesiones solo irá aumentando costos en los próximos años. “Ya estamos gastando alrededor de cien mil millones anuales por este concepto y aún falta por agregar los costos de El Salvador y Félix Bulnes cuando inicien su funcionamiento”, afirma.

El pago anual  por los tres hospitales concesionados al 2018 equivale al valor de un hospital de mediana complejidad al año. Es decir, negocio redondo, porque se cancelarán  en cuotas durante 15 años.

“Estos contratos no son recomendables. La literatura y, específicamente, Inglaterra viene de vuelta.  El gasto que se hace es muy alto y en el caso inglés no entregó mayor cobertura el sistema, solo endeudó al Estado aún más”, indica.

Explica que con este sistema se implementó el pago de varios subsidios. Bajo el primer mandato de Bachelet se integraron dos: el primero por su construcción y un segundo, por operaciones de servicios como aseo y vigilancia. Luego Piñera agregó un tercero, por mobiliario y equipamiento, siendo un modelo mucho más caro.

Además, los concesionarios tiene otros beneficios como no pagar impuestos, ya que el Estado les devuelve anualmente el IVA (15 mil millones en la actualidad) y obtienen ingresos por estacionamientos y cafetería.

Deuda hospitalaria

Otros de los temas no resueltos es la gestión del problema estructural de recursos que viven los hospitales, al pagarse las prestaciones a un costo que no es el real, generando un sobregasto operacional que se traduce en la acumulación de una deuda millonaria todos los años. Actualmente esta supera los 200 mil millones.

A lo anterior, se suma que cerca de 22 mil de trabajadores y trabajadoras están a honorarios en los hospitales. En opinión de Matías Goyenechea, esto aumenta la deuda “porque muchas veces el sobregasto operacional se debe a que hay brechas de personal en los hospitales que deben ser cubiertas por esta vía, contratándose a precios más altos”.

Agrava la situación, que las compras a privados al interior de los hospitales no se transparentan. Por esa vía, “se están yendo unos 300 millones de dólares a sociedades o empresas que entregan servicios de anestesistas u otros profesionales que cubren turnos o servicios”. Más encima, agrega, que para disminuir listas de espera, se licita la compra de servicios por fuera de horario en las mismas dependencias para atender cataratas u otros problemas de salud; generando un aumento del gasto. Lo que provoca año a año nuevas inyecciones de recursos para pagar la eterna deuda.

Tampoco se debe olvidar que para 2018 se han considerado 1.323 millones de dólares para comprar servicios en el sector privado.

Aumento del per cápita

En 2014 un estudio de la Asociación Chilena de Municipalidades indicó que se requerían seis mil pesos en per cápita para que la atención primaria pudiese desempeñar su tarea, cifra que fue confirmada por el Ministerio. Cuatro años después y al término del mandato de Bachelet, ese monto casi se alcanza.

La atención primaria eleva su presupuesto en un 5.6 por ciento y para 2018 quedará en $ 5.910, el per cápita, lo que implica 87 mil millones más en APS. Sin embargo, con la corrección que Matías hace al mes de agosto de aquellos montos que ya fueron inyectados durante el año, el resultado es menos optimista: “Lo nuevo son 31 mil millones con un  incremento real de 1.9. Es importante hacer este ejercicio para saber efectivamente cuánto crece realmente el presupuesto porque, a veces, puede ser engañoso”, comenta.

Queda otra vez más sin resolver el tema de los indexadores por pobreza y ruralidad.  El experto enfatiza que se debiese avanzar en un sistema en que se contemple un ajuste por el riesgo de las  personas a enfermar en cada comuna.

Urgencialización APS

Al finalizar,  Matías Goyenechea enfatiza su crítica al modelo de urgencialización de la APS. Considera que incluso las nuevas inversiones en infraestructura durante este Gobierno se focalizaron en construir Sapu y Sar para aliviar la presión por atenciones en los servicios de urgencia hospitalarios. Pero “seguimos desatendiendo a la población en la promoción y prevención de salud y el modelo de salud familiar ha quedado de lado”, opina.

Asimismo, resalta que se sigue careciendo de una mirada de salud en todas las políticas y de un mayor involucramiento del sector educación. “Si no hay un cambio de chip en el estilo de vida y en la alimentación, los problemas de salud de la población seguirán en aumento. Hay que avanzar hacia hacerse cargo de atender  algunas determinantes sociales así como hacia el fortalecimiento de la APS”, concluye.

INFUSAM Nº 23, DICIEMBRE 2017

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