Profesor de derecho laboral, José Luis Ugarte: “El sindicalismo está hoy en una debilidad extrema”

Docente e investigador en la Universidad Diego Portales, desde allí evalúa los primeros efectos negativos de la reforma laboral. Señala, además, que fue el apoyo descarado que la CUT brindó a la aprobación de esta normativa la principal causa del total desprestigio de la Central.

 -¿Existen ya datos respecto a los efectos de la reforma laboral sobre las huelgas?

-Aun cuando es muy preliminar, algunas de las instituciones de la reforma comienzan a mostrar sus consecuencias. La más evidente son los servicios mínimos y cualquier actor imparcial podrá evaluarlo como un nuevo problema para el mundo sindical. Se le había prometido huelga efectiva a la CUT, y lo que se ha hecho es casi gatopardismo porque el  reemplazo fue cambiado por “servicios mínimos”, que puede ser aún más hostil para el mundo sindical, puesto que los trabajadores que los ejecutarán son puestos por el mismo sindicato.

Lo que no se ha visto es el aumento de poder del mundo sindical. Nadie puede decir que las reformas generaron equilibrio, ni por asomo.

-Aparte de los servicios mínimos ¿Qué otra nueva normativa restringe la huelga?

-Con la reforma el Gobierno creó dos instituciones lesivas para la huelga. Una, los servicios mínimos que existen en otros países, pero que no buscan que el sindicato proteja los bienes del empleador como aquí. El Gobierno estableció que una de las razones para invocarlos -y la que más se utiliza-, sea cautelar los “bienes corporales” del empleador. Y eso ha dado entender al mundo empresarial que todos tienen derecho a servicios mínimos, por lo tanto es una figura casi de servicios máximos. Y esto se le advirtió al Gobierno.

Por otro lado, otra nueva institución muy compleja que se está viendo, es la facultad del empleador para que cada cinco días se vuelva a votar una oferta. Ahora, el gobierno de la huelga lo tiene la empresa, porque a la directiva le es muy difícil mantenerla cuando la empresa está cada cierto tiempo ofreciendo una oferta contra su voluntad. Entonces, la reforma logra poner a la directiva contra la asamblea. Es el caso de la huelga en HM, donde con cada votación se van descolgando trabajadores y la huelga va muriendo. Con dictadura y todo, el gobierno de la huelga era de los trabajadores una vez que la votaban. La situación actual es una vulneración grave a este derecho.

-¿Algo positivo de la reforma?

– Provocó una suerte de ventilación a un sistema sindical burocrático y capturado por los partidos políticos. Lo que es interesante es que permitió -en el caso de la CUT-, observar con total transparencia que existe una cúpula sindical sin base que se sustenta en sindicatos fantasmas, y capturada por los partidos. El ejemplo del PS y PC en la CUT es de cajón, han logrado mantener una Central en lo mínimo desde el retorno a la democracia, ya que cambios sustantivos al sistema laboral privado no ha habido. Primero tuvimos una CUT irrelevante y luego ha estado capturada.

 -¿Te refieres a que se conoció masivamente sobre el apoyo brindado a la reforma por sus principales dirigentes?

-Por primera vez logramos medir la diferencia entre los dichos y los actos. Durante tres décadas el discurso de la CUT fue muy agresivo y pidiendo reformas, pero no hubo nunca nada real. Ahora cuando se pudo medir vimos la vergonzosa defensa de la reforma sobre todo por parte de su presidenta. En mi opinión, la crisis de la CUT no es por el fraude de los padrones electorales -que ha existido desde que tengo memoria-, solo así se explica que Arturo Martínez la gobernase por décadas. Esta elección no era distinta a las demás, salvo que por primera vez el sindicalismo crítico y la audiencia lograron medir la diferencia entre el discurso y la realidad, que mostró una defensa a rajatabla a los retrocesos de la reforma.

 -¿Cómo explicas que pese al enorme desprestigio la CUT convocase nuevamente a sus elecciones?

-La explicación es sicoanalítica: ellos se juegan la vida. Como es sindicalismo burocrático sino están ahí no están en ninguna parte. No se trata del dirigente sindical que volvería a su organización, allí solo hay burocracia que sabe que se mantiene en torno a la relación con los gobiernos afines. Es todo o nada. Más bien la interpelación es al resto del mundo sindical que tiene que hacerse la gran pregunta sobre si la CUT tiene que seguir siendo el gran proyecto de futuro o hay que salir a buscar otro horizonte…

-Varias organizaciones están iniciando ese proceso de cuestionamiento…

– Lo que está claro es que esta CUT no le sirve a nadie en el mundo de los trabajadores, es un obstáculo (por CUT hablo de su directiva). La pregunta que sigue es ¿si se puede reconstruir al servicio de la emancipación de los trabajadores o la damos por perdida? Y eso lo debe responder el propio mundo sindical, no desde la academia.

 -¿Y desde la academia qué proyectan que ocurrirá?

-Tengo la impresión que la crisis de la CUT le hace bien al movimiento sindical; lo obliga a verse al espejo y comprobar que el sindicalismo hoy es irrelevante y no tiene peso político propio. Siempre es mejor haber advertido que estabas capturado que vivir engañado como han vivido por décadas los trabajadores creyendo que influyen.

La elite empresarial tiene infinitas posibilidades de influir en el Gobierno y en el congreso. Lo digo porque si uno pensara en la disparatada hipótesis de regular la negociación en el sector público, veríamos que los trabajadores no solo no tendrían posibilidad de influir, sino que el proyecto podría ser torpemente avalado por organizaciones sindicales capturadas por los partidos de gobierno. Con ello, estarían en la misma situación que los privados, con una reforma que no cumplió y que en algunas materias los dejó peor.

-¿Existe la amenaza real de que se regule la negociación en el sector público?

-Hasta el año pasado se manejaba la hipótesis de una reforma laboral para el sector público. Y lo que tiene que aprender el mundo sindical genuino es que no tiene capacidad de influir ante los sectores que sí tienen peso, como poderes fácticos y grupos políticos, que tienen al Estado capturado como botín. Las recientes reforma en el sector privado y negociación por reajuste en el público demuestran que el sindicalismo está en una debilidad extrema. Y es mejor saberlo que creer que habrá una CUT o una ANEF que negociarán por nosotros en condiciones de equilibrio, cuando están capturadas por los partidos de gobierno. Si se acuerda una ley que regule la negociación en el sector público terminará siendo una aplanadora similar a lo ocurrido en el sector privado.

INFUSAM Nº20, agosto 2017

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